Cintia e Ignacio

Al Tango lo conocí de la voz de mi mamá , nos cantaba “Caminito” y “El día que me quieras” cuando éramos chiquitas y veíamos las películas de Tita Merello y Lolita Torres.

Comencé a bailar folklore en la adolescencia, en el Seminario de Danzas Nativas y Folklore de la ciudad de Villa Carlos Paz. Y fue en el año 2000 cuando tuve mi primer contacto con el Tango danza, lo que me atrapó fue la comunicación que se podía lograr entre dos personas que ni se conocían.

Nos vinimos a vivir a Ibiza, España, comencé a dar clases de Folklore Argentino a hijos de inmigrantes. Desde el año 2005 al 2015 – forme parte de “Pampa Argentina Show”, realizando Show de Bombo, Boleadoras, Tango y Folklore por diferentes escenarios de la Isla.

Conocí a Ignacio, y fue ahí cuando me encontré con el Tango desde otro enfoque, donde el abrazo es el protagonista, y lo más importante, lo que sucede en conexión con la pareja. Desde entonces, y hasta la actualidad formamos parte de “Tango en Ibiza”, nuestra finalidad, la difusión del Tango como baile social y que crezca el número de milongueros en la Isla.

Creo que el Tango es como la vida misma, un continuo aprendizaje, un cambio constante, con él no solo aprendemos a bailar, si no también a sentir, a expresarnos, a ser nosotros mismos y a relacionarnos con los demás desde un punto de comunicación y conexión único.

La danza tardó un poco más, recién cuando fui a Buenos Aires a estudiar, en mi tiempo libre empecé clases de tango, tuve la suerte de conocer a mis primeros profesores que eran bailarines de la época dorada.

Empecé a perseguir a estos profesores por todos los lugares donde daban clases, a quien les pica el bichito del abrazo sabe de qué hablo, el tango empezó a apoderarse de mi y de todo mi tiempo libre.
Con el tiempo fui pudiendo estrechar el abrazo y eso me atrapó definitivamente.

He vivido 10 años en Buenos Aires bailando y buscando clases la mitad de todos esos días.

Viaje a Europa, me instalé en Ibiza, faltaba tango y milongas, conocí a Cintia y desde hace años damos clases, organizamos y nos sentimos ya parte de una familia tanguera en la isla que compensa un poco nuestra lejanía.

 

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